TIEMPOS DE HIPOCRESÍA Y PESIMISMO

En tiempos de hipocresía, la verdad parece cinismo.

Vivimos malos tiempos. Al ser humano ha dejado de preocuparle el ser humano. Nada queda de la búsqueda de la igualdad, la fraternidad y la libertad como leitmotiv, como asunto central, de nuestra vida. Corremos, huimos histéricos, hacia la destrucción de la humanidad. Ciegos y espoleados. Enfermos e indefensos ante un virus llamado egoísmo que ha destruido todas nuestras defensas y que, desgraciadamente, se ha fusionado con otro agente agresivo e invasor, que había sido inoculado previamente: la imbecilidad. No hay tratamiento de choque.

Las universidades, donde el hombre siempre había encontrado la puerta de salida, la luz y la ética, ahora sólo generan técnicos muy cualificados pero con un marcado síndrome de analfabetismo humanista. Seremos la generación que dará vida al mejor robot y que, a la vez, matará más hombres…, de hambre. Y de odio.

Ya no es el ser humano  la medida de todas las cosas, al contrario de lo que sentenció Protágoras. Las cosas, lo material, se ha impuesto. El frío Cash flow asesinó el sentimentalismo. Todos hemos sido testigos. Unos silenciosos, otros desoídos.

Todo es insustancial. Retrocedemos. Yo mismo he vuelto inconscientemente a la agresividad, algo consustancial y hasta recomendable con la juventud, abandonando mi estratégico reducto de la indiferencia. Nos han empujado a las puertas de la barbarie, donde volveremos a matarnos entre nosotros. Y después, sobre los cadáveres de nuestros hijos, volveremos a hacernos las mismas, e inútiles, preguntas. Qué importa si fue la piedra quien golpeó al cántaro, o si fue éste quien golpeó a la piedra. El resultado es demoledor para el cántaro.

Estamos cercados por el fuego. Un incendio que va a devorar todos los avances, en materia social, que más de cien años de lucha y héroes habían consolidado.  Cabe preguntarse quién lo ha iniciado (en nombre del Mercado), pero es una pérdida de tiempo preguntarse por qué. Vienen a por su supervivencia, a costa de la nuestra. Ellos ya han llegado a la convicción de que el modelo se agota irreversiblemente. En su nuevo modelo de sociedad no entra la masificación humana. Sus datos, silenciados por las televisiones, hablan de 2000 millones de personas menos en 2050. Son sus estimaciones, y como no hagamos algo rápido (de momento, y como primera medida, levantarnos del sofá y salir a protestar), estas estimaciones serán hechos. ¡Ah!, porque, por si alguno no se da por enterado, en esos 2000 millones de excedentes están todos nuestros hijos y nietos.

NOTA: releo el texto antes de firmarlo y me pregunto ¿Cuántas veces y de cuántas maneras distintas  hay que decirle a un niño que no se toca la estufa? Y me contesto: a algunos con una vez les vale, otros necesitan quemarse.

ZANA

Un comentario para “TIEMPOS DE HIPOCRESÍA Y PESIMISMO”

  • Alberto:

    Magnífico y entrañable artículo, Zana…
    ¡¡Enhorabuena, de nuevo!!.
    Y yo me pregunto,…
    ¿dónde perdimos la inocencia que nos conducía a la fé en la igualdad y la justicia social?
    ¿dónde la sinceridad, que nos permitía ser los más fuertes?
    ¿dónde la inteligencia, que nos separaba de la barbarie?
    ¿dónde la coherencia, que nos enfrentaba a la insolidaridad?
    ¿dónde la decencia, para vacunarnos contra los mediocres?
    ¿dónde la esperanza,…que ahora me obliga a escribir esto?…
    Aún y así, sigo creyendo en la utopía…porque “nuestra utopía” está construida con los ladrillos perennes de la confianza en el ser humano, y en su capacidad para reinventarse de nuevo…
    No todo está perdido…Quedamos “nosotros”…aunque dispersos…
    Sólo tenemos que levantar la voz, al unísono…
    Nos veremos cuándo, cómo y dónde querais…
    ¡¡Arriba, parias de la tierra!!

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