HÉROES ANÓNIMOS

LA HISTORIA OLVIDADA DE “LOS LIQUIDADORES DE CHERNÓBYL”

Como por casualidad cayó en mis manos un artículo que, en un inquietante subtítulo, decía: “puede que salvaran a millones de personas sacrificando sus vidas, y ya nadie se acuerda”.

Fue la suma de la curiosidad, más el venerable respeto que siempre he sentido hacia los héroes, lo que me animó a seguir leyendo. Os aseguro que nunca me arrepentiré de haberlo hecho, al contrario, nunca agradeceré lo suficiente esa lectura.

Sí, esa contundente, y a la vez recriminatoria parte final del subtítulo “y ya nadie se acuerda” me subyugó. Cuan cierto es en la sociedad actual pagar con el olvido.

El artículo trata sobre la heroicidad de Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, los tres héroes de Chernóbyl.

Cierto es que hubo muchos héroes más (cerca del millón) en esa tragedia acaecida en la mañana del día 26 de abril de 1986 en el reactor nº4 de la central nuclear de Chernóbyl: los bomberos, los pilotos de los helicópteros, los técnicos, los soldados, los mineros que trabajaban en túneles subterráneos, los miles de trabajadores, ingenieros y arquitectos que levantaron el sarcófago, los voluntarios, especialmente muchos estudiantes y posgraduados de las facultades de física e ingeniería nuclear, los geólogos, etc. Muchos hombres y muchas mujeres, que sabían a lo que se enfrentaban y lo hicieron porque “alguien tienen que hacerlo”. Todas esas personas a los que la propaganda conservadora, en una muestra más de su mezquindad, tildó de turba ignorante, engañada y patética.

Esos hombres y mujeres han pasado a la historia con el sobrenombre de: los liquidadores.

Pero incluso dentro del heroísmo hay sucesos verdaderamente excepcionales. Ese es el caso de la asombrosa historia  de Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, tres ejemplares, y hoy día olvidados, expertos nucleares. Cuando fallaron todas las máquinas y sólo los llamados bio-robots (hombres perfectamente preparados) podían seguir luchando para evitar una catástrofe, ya brutal, pero que de no atajar sería de dimensiones impredecibles, estos tres hombres dieron un paso al frente. Iban a entregar su vida para salvar la de millones, y no solo compatriotas, muchos europeos occidentales podían padecer los terribles daños de la explosión nuclear, pues cuando ésta se culminase la contaminación saldría disparada hacia la atmósfera en forma de grandes nubes de vapor que el viento arrastraría en todas direcciones.

Leyendo el relato lo que más me impresionó fue asimilar que sabían que era un viaje solo de ida, se encaminaron hacia la muerte de manera reflexionada y voluntaria, por ese “viejo y desfasado” concepto de la responsabilidad. Como gesto deferente hacia la humanidad. Y, sobre todo, por sentido del honor. Es más, estoy convencido que, aún sabiendo nuestro menosprecio posterior hacia su valor, lo habrían hecho de igual manera. Como eran rusos, soviéticos más concretamente, Hollywood aún no les ha reconocido como héroes, por lo tanto para la “ignorante, engañada y patética” sociedad occidental tampoco lo son.

Sin embargo yo me inclino ante ellos. Y les doy las gracias.

Hoy, en la central japonesa de Fukhushima, también habrá cientos de héroes anónimos. Aún es pronto para saber sus nombres, su pequeña historia, pero no es pronto para darles las gracias.

 

APUNTE 1: Llevaba varios días dudando sobre el sentido y oportunidad que tiene seguir batallando contra la injusticia, sobre todo cuando la injusticia afecta a otros que la jalean, aplauden y votan. Los continuos desprecios recibidos por quienes “solo piensan en su guerra y enseguida olvidan”, me habían afectado muy negativamente. Pocas veces me he sentido más defraudado. Gracias a la lectura del artículo sobre los tres héroes de Chernóbyl y el desprecio al que les hemos sometido, entendí y recordé. Esto lo hago por mí, no por vosotros. No necesito vuestro permiso, tampoco vuestro reconocimiento.

 

APUNTE 2: Quiero dejar por escrito cual es mi opinión sobre esos propagandistas, todos muy bien pagados, que se dedicaron, y dedican, a insultar al casi millón de heroicos “liquidadores” de la central nuclear de Chernóbyl: son ratas y cobardes. Ignoran lo que es la solidaridad y el altruismo, por eso no llegan a entenderlo. Son la bazofia más ruin de la sociedad. Suelen llamarse periodistas o tertulianos, suelen llamárselo porque trabajan de ello, pero no lo son, en absoluto. En mi escala de valoraciones están a la altura, a la bajura, de los pederastas. No es difícil imaginar lo que pienso de quienes les creen.

Zana.

 

 

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