MUJERES

El primer sonido que todos oímos es el latido del corazón de una mujer

Iba a titular este artículo “Pobres, mujeres, mujeres pobres” pero pienso que con el que elegí ya se incluyen todas las acepciones.

Quizás la frase que mejor definiría la situación de la Mujer en la era contemporánea, (sumidos en una crisis sistémica que aún estamos intentando metabolizar), sea la de: “seguimos igual, insuficientemente valoradas, indefinidamente agredidas, luchando contra la desigualdad”.

Agredidas por un Sistema que ha hecho de la brutalidad hacia el lado débil de la sociedad su leitmotiv. Un Sistema que permite que la herramienta, la disculpa, el “modus operandi” si se quiere, que significa el machismo, continúe campando a sus anchas, sin penalizar, ni legal ni moralmente.

Un machismo, desgraciadamente, cada vez más defendido, justificado y aplicado por “algunas” mujeres desde sus cargos directivos o políticos.

De siempre he defendido que la Mujer no difiere del hombre más que en la apariencia externa, (donde, encima, nos ganan) y que ejemplos hay, en todos los órdenes de la vida (intelectuales o heroicos incluidos, no solo cotidianos), de Mujeres que han sobresalido donde los hombres no lo hicieron.

Me gustaría relataros tres de estos casos en los que la Mujer ha destacado. En uno de ellos de forma anónima y masiva, en los otros dos de manera individualizada, -aunque no tanto-, y que  son dignos de recordar.

El primer caso, y solo por cuestión cronológica, sucedió como relata M. de Montaigne en sus Ensayos Completos –que os recomiendo leer- durante la batalla que libraron los ejércitos del emperador Conrado III y  de Guelfo duque de Baviera. Rodeado éste último y cercado en su castillo, el emperador, en compensación por la valerosa resistencia, le ofreció al duque la posibilidad de dejar salir a pie, con su honor salvo, a las mujeres (y niñas) de la fortaleza y que llevasen con ellas todas las joyas y objetos de valor con que pudiesen cargar, para que emprendiesen una nueva vida en otro lugar. Viendo que esto era lo único que podían hacer, los sitiados aceptaron. Cuando las puertas del castillo se abrieron y las Mujeres empezaron a salir portaban, sobre sus hombros, sobre sus espaldas y regazos, a sus hijos varones, a sus hermanos menores, y a los hombres de su ejército…No tenemos, ni queremos, mayor tesoro que nuestras familias, dijeron.

El segundo caso es el de Rosa Parks. Ya escribimos en esta página sobre ella, podéis releer aquél artículo pinchando AQUÍ.

Rosa Parks tenía todo en su contra. Era pobre, era negra y era mujer, (haciendo una broma diré que solo la faltaba ser comunista y lesbiana para tener el lote completo), sin embargo no se dejó influir por los dictados de la opinión mayoritaria, ni siquiera por la de muchos de su misma etnia que, apresados por el miedo y la incultura, no se atrevían a reivindicar sus derechos. Pero había en Rosa Parks una diferencia que la hacía distinta a muchas mujeres de su época, ella estaba “movilizada”, pertenecía a la “Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color”, así que un día decidió que, aún a riesgo de ir a la cárcel, incumpliría la ley que la obligaba a levantarse del asiento para que se sentase una persona de raza blanca. Lo hizo, se negó y fue denunciada, fue el 1 de diciembre de 1955…y las cosas empezaron a cambiar sustancialmente a partir de ese momento.

 

Ahora me gustaría hablar de Pilar Manjón, persona, mujer, madre, víctima y trabajadora, todo en una.

A Pilar Manjón le mataron un hijo, Daniel, en los atentados del 11 de marzo de 2004. Esos atentados  que Aznar no sabe cuál es su fundamento ideológico porque no quiere recordar los asesinatos de “su” guerra en Irak. Pilar Manjón que ha tenido que aguantar, por ser madre, trabajadora y de izquierdas, de boca de Esperanza Aguirre que: ”No sé de qué se queja, esa indemnización es mejor que ganar la lotería…por ella no hay que pagar a Hacienda”…Esperanza Aguirre, otra mujer, desconozco si madre, pero que ni en el más amplio sentido de la palabra puede denominarse persona…, y que está en un partido al que muchas mujeres y madres votan. En fin…

Pilar Manjón,Una carga explosiva de dignidad, una mujer trabajadora a la que la inmensa mayoría de los hombres no la llegan a la suela del zapato.

Al final  no deja de ser una efemérides más. Un día señalado, enterrado quizás sea mejor decir, entre tantos días Internacionales de “algo”. El 8 de marzo, que nació como día reivindicativo en 1911, “solo” tardó 66 años en convertirse en Día Internacional de la Mujer trabajadora para la ONU.

Sí, 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, es bastante preocupante, en sí mismo, que haya motivos para  recordarlo y resaltarlo.

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