Los ricos se van de fiesta

Tiempo de reformas

Jesús Molins Aragón Digital

Resulta que ahora, tras dos años de intensa, profunda y devastadora crisis, se ha decidido que es el momento de profundizar en la reformas. Reformas que al parecer propiciaran la actividad económica, la creación de empleo y garantizaran la estabilidad y el progreso económico de las próximas décadas (¡Toma ya!).

Dicho y hecho; se reducen salarios, congelan pensiones; flexibilizan el mercado laboral abaratando el despido (más de lo que estaba); facilitan que las empresas se desmarquen del convenio colectivo negociado, pactado y aprobado con los agentes sociales (empresarios y sindicatos); preparan retrasar hasta los 67 la edad de jubilación, así ampliar a los veinte últimos años el cálculo de la pensión; privatizan parte de la gestión del desempleo, dando entrada a las ETTs en la explotación del INEM (haciendo del desempleo un negocio); llevan idea de implantar el pago por la asistencia al médico de cabecera y eliminan la gratuidad de los medicamentos.

Hay dos maneras de realizar reformas, para avanzar o para retroceder (de progreso o regresivas). Pues bien, en vez de dar un paso hacia delante, el gobierno y parte de la oposición (PSOE, PP, CiU, PNV, UPN y CC) han decidido que en vez de reformar el sistema financiero, regular los mercados, controlar a la banca, dar opción a los representantes de los trabajadores a participar en la gestión y control de los beneficios empresariales, luchar contra el fraude y los paraísos fiscales, proteger el empleo, imponer nuevas tasas fiscales a las rentas de capital (igualándolas a las del rendimiento de trabajo), a las transacciones financieras, a los beneficios empresariales, establecer un salario máximo (al igual que hay un salario mínimo y unas pensiones máximas y mínimas fijadas por el estado). Han decidido realizar reformas restrictivas, regresivas, que recortan los derechos laborales, económicos e incluso individuales de los trabajadores. Derechos que tanto costaron conquistar durante el último siglo.

Los gobiernos y los políticos cobardes sucumben ante los poderes fácticos (mercantiles, financieros, gran banca, gran capital…) y realizan políticas restrictivas como las que nuestro gobierno y nuestra oposición pactan y nos imponen. Nos están haciendo pagar a los ciudadanos y trabajadores los costes y las consecuencias de la crisis.

Hasta hace dos años, los trabajadores, vivíamos en el mundo de yupy, ganábamos se puede decir que aceptablemente, gozábamos de razonables condiciones laborales, podíamos pagar nuestra hipoteca, el crédito del coche e incluso permitirnos alguna cena y una semanita de vacaciones en la playa (¿Qué excesos no? ¿No causaría esto la crisis?); eso sí trabajando los miembros de la pareja y con un sueldo cada uno de unos 1.100 euros al mes, de no ser así te tambaleabas por las vaivenes de la miseria.

De repente, ese paraíso virtual se vino abajo como un castillo de naipes y en poco más de dos años el despido y el desempleo se hicieron los protagonistas de nuestras vidas; 2.600.000 despidos en dos años y 4.600.000 personas desempleadas.

Con el tiempo fuimos enterándonos que todo este desastre social y humano era debido a que grandes entidades bursátiles, financieras y empresariales habían estado mercadeando, especulando, creando productos fraudulentos, inflando precios, beneficios, lanzado opas falsas y operaciones bursátiles ficticias, engrosando multimillonarios beneficios, etc. Ello hizo que los mercados y economías de todo el mundo explotaran mediante un efecto big bang, ocasionado a tantos y tantos millones de ciudadanos el mayor desastre económico y social de la historia contemporánea.

Pues aun así, después de quedar demostrado su origen, llega el momento de las reformas y las soluciones que nos presentan, no son otras que reformarnos a nosotros, a los ciudadanos, a los trabajadores, mientras que a los causantes de la crisis los hacen más fuertes. A ellos en vez de reformarles, se les enriquece. ¡Qué fiasco de Gobierno!, ¡Qué fiasco de oposición!, ¡Qué fiasco de políticos!, totalmente  timoratos, ruines, sin visión de futuro y sin miras de  alcance.

¡Ah! y como a los sindicatos se le ha ocurrido convocar una huelga general haciendo uso del único derecho que les están dejando para la defensa de los trabajadores…  pues a este gobierno y clase política tan decidida y alta de miras, se les ha ocurrido entrar también (¡Cómo no!) en la reforma de la ley de huelga (para restringir este derecho casi en su totalidad). Que listos, que profundidad, que socialistas ¡Perdón!, socialdemócratas.

Qué gran oportunidad perdida para haber realizado una total reforma del sistema que nos llevara a unos nuevos parámetros mundiales.

Seguro que más pronto que tarde tendremos que darles un puntapié en el trasero, hacer girar esa política regresiva y reaccionaria, dejar de mirar tanto a Europa y Estados Unidos, orientando nuestra vista hacia otros órdenes político-económicos como los que están surgiendo en algunos países de Latino América.

Publicado en Attac

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