LEGÍTIMO E INJUSTIFICABLE

¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano? Saramago

Es fascinante apreciar la capacidad de anticipación que algunas personas demuestran ante lo que nos deparará el futuro. Y cuando a esa claridad de anticipación se le une la nada despreciable luminosidad intelectual  el placer lo es aún con más motivo. Sucede en pocas personas. Son los llamados Intelectuales, (vaya esta vez en mayúsculas), esa rara avis entre cuyas actuaciones se encuentra la elaboración y comunicación de ideas, así como la mencionada capacidad de análisis para prever lo que determinadas decisiones nos pueden deparar en el futuro. Decisiones que desgraciadamente, en estos tiempos de desorden de la integridad y la dignidad, nos encaminan hacia”el frío y largo invierno”.

Ya digo que estas personas son escasas. Por  eso es de agradecer que algunos de estos intelectuales estén, inequívocamente,  de nuestro lado. Del lado del humanismo. Y más aún que lo hagan abiertamente, jugándose su prestigio, su carrera, su tranquilidad. Algunos, por poner ejemplos, han dinamitado todas sus opciones de llegar al rectorado, otros simplemente han visto como sus obras eran despreciadas mientras que las de otros, “más mediocres” y amigos del sistema, eran ensalzadas a base de talonario. Los hay que nunca recibirán el premio Nobel, o lo recibirán cuando ya era un clamor la desfachatez de su no entrega. Y lo grande del caso es que antes de dar el paso eran conscientes de esto, del sacrificio. Pero hay algo que les impide callarse, mantenerse imparciales. Actúan en base a sus principios, y asumen los riesgos que ello conlleva. Es lo que en círculos del pensamiento se denomina “la solución Sartre”.

ME HORRORIZA ACUSAR, INCLUSO CUANDO SE TRATA DE DEFENDERME (Sartre)

Se dice que fue en 1953 durante la guerra de Corea, ¿o será mejor decir la guerra de USA contra Corea?, cuando el gran Jean Paul Sartre reprochó abiertamente a Merleau-Ponty (otro gran filósofo de la época) que no se comprometiera de  forma cotidiana, como él mismo hacía, ante cada hecho de actualidad. Parece ser que Merleau-Ponty se justificó alegando que prefería el distanciamiento objetivo.

Puede ser una apuesta, la inhibición, el distanciamiento, la sordera y ceguera voluntaria. Sin embargo yo creo que es mejor “pecar”, pecar en lo que el poeta Marcos Ana deduce como pecado:

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.

Sí, es legítimo cerrar los ojos ante el vértigo de una herida ajena, pero es injustificable celebrar e ignorar la sangre. Nada justifica denegar la ayuda.

Por eso creo que hay que actuar, hoy más que nunca, con ímpetu, pero esto no debe hacernos olvidar que es cierto que la improvisación es mala consejera, y que no  hay nada como tomar cierta distancia para contar con una perspectiva adecuada. No hay nada peor que el análisis somero y visceral. Nada salvo la iremediabilidad del perjuicio creado por la omisión. Y eso es algo que, quien tiene ese don, debe saber.

ZANA

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