LA VISITA DEL PAPA, NO CON MIS IMPUESTOS

Yo puedo vivir sin sus dioses, ellos viven de mí

Joseph Ratzinger es el jefe del estado del Vaticano, también es Benedicto XVI (hay quien le llama La Mosca cojonera pincha aquí para verlo) jefe de una iglesia. Desde esa doble condición viaja por el mundo predicando, y difundiendo su doctrina,  a costa de los presupuestos generales de los estados que visita. En algunos países, como en Inglaterra, los estipendios de su visita fueron sacados de los fondos de ayuda al desarrollo de los países pobres. Ante esto sólo se me ocurre una cosa: sinvergüenza el político y caradura el papa.

En España la vista pastoral nos va a costar unos 50 millones de euros, a los que habrá que sumar los numerosos recursos humanos y materiales desplegados para garantizar la organización, la seguridad y el alojamiento de los millares de “fieles” que, se supone, vienen a orar. Lo que  sí se sabe es que van a comulgar, pues se van a gastar 120 sacos de 25 kilos (3 toneladas) de harina para hacer las hostias.

Con nadie discutiré sobre la fe, eso es algo interior, personal, sujeto a tantos factores, a tantas variables, que es imposible crear una regla. Unos creen y otros no, y ninguna de esas
dos circunstancias es salvoconducto hacia ninguna verdad. Hay creyentes que son excelentes personas, y del mismo modo los hay que el domingo van a misa y luego el lunes son peor que Satanás.

Sin embargo sí estoy dispuesto a discutir sobre el envoltorio exterior, sobre la iglesia institución, esa que siempre ha estado al lado de algún dictador, la que guardó silencio cuando Hitler mataba a millones de personas por el simple hecho de que “no eran de su religión”, la que utiliza a los misioneros (mucho respeto a estas personas) como cortina de humo para tapar sus tropelías, la que  mantiene un papel secundario, y humillante, para la

mujer, la que es homófoba, la que mantiene entre sus filas a muchos pedófilos, la que culpa y paraliza a la ciencia y sus avances, la que critica y prohíbe el uso del preservativo aunque con esa prohibición mueran miles de personas por SIDA.

Yo no creo en una iglesia que sigue apoyando, y nutriéndose, de un Sistema que mata a miles de personas, cada día, de hambre. Una iglesia que al término justicia le ha dado el nombre de caridad. Una iglesia que silencia a sus voces internas discrepantes, que antepone la obediencia a la libertad, que utiliza la excomunión y el miedo sicológico (las llamas del infierno) como argumento definitivo. Yo no creo en una religión donde el perdón se puede comprar con una Visa oro.

Yo creo:

-Creo en la hembra y en el varón. Creo que juntos forman el Ser Humano.

-Creo en el derecho universal a la comida.

-Creo en el Saber y en la capacidad individual para asimilar conceptos. Creo que todos debemos morir enseñados.

-Creo en el derecho a la vivienda como refugio de las personas ante las adversidades.

-Creo en la medicina como ciencia. Creo en el derecho a la atención sanitaria apropiada,  vanguardista y asequible.

-Creo en el amor, en la libertad de amar y ser amado. Creo que el amor es eterno mientras dura.

-Creo en la paz, y creo que la única lucha aceptable es la lucha de Clases encaminada a matar el hambre.

-Creo en todos los dioses habidos y por haber y no creo en ninguno, pero no creo en ninguna empresa religiosa.

-Creo que el color de la piel no es nada más que una respuesta evolutiva del organismo, y creo que su única diferencia es visual.

-Creo en la igualdad entre el varón y la hembra,  como también creo en sus diferencias.

-Creo que tener estas creencias me aleja de ellos, y no veáis lo que me alegra.

Zana

 

 

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