LA IRA COMENZÓ A FERMENTAR

Los hombres muertos de hambre avanzaban por los caminos…*

La utopía de sus inexistentes “brotes verdes” o “luces al final del túnel”, se estrella con la terrible realidad, con la “distopía”, de [email protected] 6 millones de [email protected] [email protected] a [email protected] que, brotes-verdesdesde el Sistema, se les ofrece una única opción: la sumisión. No hay más opción, se les dice, que la gota malaya del paro o de la precariedad laboral y social. Y se les dice que esta exclusión han de aceptarla, ahí está la crueldad, con agrado. Han de disimular y sonreír mientras la gota malaya lenta, pero inexorablemente, va cercenando sus esperanzas de vida.

Es en esa falta de futuro, en la crueldad del desplazamiento que supone quedarse fuera, desprotegido, es entre las amargas horas de hambre, frío y enfermedad, donde mejor germina la ira. Me pregunto si lo habrán olvidado.

Las uvas de la ira están engordando en las almas de las personas y se vuelven cada día más pesadas, listas para la vendimia *”, ésta es, casi con toda seguridad, la frase que da sentido al afamado, con razón, libro de Steinbeck (Las uvas de la ira) y que retrata, descarna sin tapujos, la sociedad americana que sufrió el, ya minimizado y superado por éste actual, crac del 29.

Si algo me enseñó este libro fue sobre la condición humana y sobre las distintas maneras de pensar, y de actuar, de la pobreza.

La ira (pasión que causa indignación, enojo y deseo de venganza), vuelve a surgir de manera cotidiana en nuestras conversaciones, como advirtiéndonos de que solo utilizando esa escala saldremos del pozo en el que la avaricia de unos pocos, la incompetencia de 1111Los_IVAs_de_la_iraotros y la traición de los de siempre, nos ha llevado.

Es cierto, y negarlo o mirar para otro lado solo conlleva a un error de consecuencias inimaginables, que la ira empieza a despertar entre aquellos que, defraudados, empiezan a sentir los mordiscos del depredador capitalismo.

Bien está algo de adrenalina en los corazones dormidos de los oprimidos, casi cabría decir que ya era hora que el cuerpo social, la Clase Trabajadora, empezase a convulsionar mostrando su rechazo ante las medidas capitalistas que, como agentes patógenos, nos destruyen.

Pero debemos ser sensatos a la hora de actuar. Ira sí, pero con conocimiento de causa. Ira sí, pero no obnubilación. No podemos confundirnos. No podemos permitirnos el lujo de la confusión. Porque si la ira gobierna nuestras decisiones corremos el riesgo, siempre bien aprovechado por el Sistema, de dirigirla erróneamente.

La ira de la sociedad alemana, más concretamente de la Clase Trabajadora alemana, del primer tercio del siglo pasado, quizás la más estudiada por sus devastadoras conclusiones, les llevó a creer que sus males, básicamente el paro y la ausencia de medidas progresistas y sociales que paliasen esta circunstancia, tenían un causante que, unificando términos, vamos a llamar; los no arios. La ira germinada en la precariedad que el capitalismo, sin credo, raza ni nacionalidad, infligía sobre los trabajadores alemanes revertió, absurdamente, sobre trabajadores de otros países, otras razas y otros credos. Trabajadores que a su vez también eran, como siempre han sido, maltratados por el capitalismo. Nunca un círculo fue tan cuadrado.

No es la primera vez111La-ira que defiendo que no se puede desechar la idea de que toda esta batería de sustracciones de derechos y libertades, presentadas bajo el epígrafe de “decisiones inevitables”, y camufladas bajo el paraguas de la crisis, no sean más que balizas situadas para una vez desatada nuestra ira ésta desemboque en violencia. Y que esta explosión nuestra de violencia les justifique, moral y legalmente, para aplicarnos lo que eufemísticamente podríamos llamar un correctivo, pero que, en realidad, y como lo definió Naomi Klein, no sea más que una ERP, una Estrategia de Reducción de Población. Donde el término Población signifique, exclusivamente, Trabajadores.

Es por eso por lo que considero muy peligroso que olvidemos o confundamos, repito que quizás interesadamente dirigidos por el Sistema, que la ira, como pasión desatada para cambiar las cosas, si ha de ser, solo ha de ser entre Clases. Si somos lo suficientemente cautelosos para recordar que ira no es sinónimo de irracionalidad tendremos una parte importante de la batalla ganada.

Podemos, y debemos, estar enfurecidos, pero nuestras decisiones han de estar guiadas por la inteligencia.

Un hombre sabio se dio cuenta de que la sabiduría era necesaria en todos los campamentos, la estupidez de un tonto era la misma en todos los mundos…*”

Zana

*Las uvas de la ira (John Steinbeck)

 

 

 

 

Un comentario para “LA IRA COMENZÓ A FERMENTAR”

  • La Ira no se ve por ningún lado, exceptuando los suicidios frecuentes de los desahuciados;sin embargo si las élites que tenemos no son inclusivas y añadimos a esto la falta de poder intimidatorio que en este momento tiene la clase obrera el motor de la historia gripa(sino existe un sustituto), y solo queda la decadencia.

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