INTELECTUALES, TODÓLOGOS Y BOLETUS ELECTORALIS

Un tonto hace a ciento si le das lugar y tiempo

Es curioso. Hubo una época tristemente desaparecida en la que sólo nos parábamos a escuchar a los intelectuales. Valorábamos el tiempo, el suyo y el nuestro. Quizás no compartíamos todo lo que nos decían, pero les escuchábamos atentamente. Sus posicionamientos, repito que aún en la posible discrepancia, eran respetados, se habían ganado, en base a sus cualidades, entre las que no sólo sobresalían la moral y la integridad, digamos, cierta autoridad para hablar públicamente. Esas personas básicamente eran lo que llamábamos, elogiosamente, “de una pieza”. Exponían su pensamiento, lo argumentaban, lo defendían con la vehemencia justa, sin alardes innecesarios, aceptaban debatir sobre él, y en la misma manera en la que eran oídos, escuchaban. Hablaban en voz alta, pero sin gritos. Y sobre todo nunca se salían de su ámbito de conocimiento y siempre dejaban un espacio, por pequeño que fuese, para el opositor y su controversia. Afirmaban y defendían sus criterios y con la misma firmeza defendían el derecho ajeno a hacer lo mismo.

Bien es cierto que lo mismo  que nacieron y brillaron, mientras tuvieron luz propia, murieron y se apagaron ahogados en el lodazal al que llegaron cuando  prostituyeron, al mejor postor, su mente. Su independencia era su fuerza, cuando esta locomotora dejó de arrastrar el tren, éste se detuvo. Y en esas intervinieron los  banksters, los banqueros bandidos, haciendo gala de la codicia desmedida que les mueve, de la inmoralidad y desfachatez que les caracteriza, trazaron el plan maestro. Sólo fue preciso introducir unas pequeñas reacciones en el metabolismo del “Cuerpo Intelectual”. Donde operaba la dignidad inocularon la avaricia, donde la prudencia la vanidad, donde la precisión la banalidad. Luego todo fue más fácil.

El dinero y los reconocimientos públicos (el premio Nobel sobremanera) fueron  la solución eutanásica que acabó, casi totalmente, con esta estirpe. Quedan, pocos, pero los hay. O quizás sean muchos pero desconocidos del gran público. Quizás ahora sea algo restringido y selecto el acercarse a ellos, escamados de nuestra ansia por banalizarlo todo. Como quiera que sea, han desaparecido de escena.

Luego, ya se sabe, hubo que rellenar su vacio.

Y en esta época de lo perecedero, nacen, parpadean y se desintegran súbitamente, unas especies de intelectuales de bolsillo que se encargan de adoctrinar al Pueblo ávido de Guías.

Dos son, básicamente, los especímenes que destacan.

Por un lado tenemos a los “todólogos”, ese híbrido misceláneo que interviene en cualquier debate, de cualquier tema, arrogándose el privilegio de contradecir, si el guión lo exige, a la mismísima ley de la gravedad y a todos los Doctores Honoris Causa. El rubor no emerge porque está sepultado bajo la chequera. Los “todólogos” sacan beneficio de nuestra imbecilidad y por ello merecen capítulo aparte.

Luego están los que yo he bautizado como “Boletus Electoralis”. Se podría decir que son actores secundarios, pues las plazas en las que platican no tienen la raigambre y  la consistencia en la que actúan los “Todólogos”.

No debaten, evacúan sus miserias doctrinales sin rebatir nunca una contraposición. No por falta de respeto, sino por falta de argumentos.

Tienen sólo una función, desnaturalizar la Democracia. Estos   “Boletus Electoralis”  suelen aparecer en el fragor de la contienda electoral y actúan desde un prisma que podíamos llamar “irrealismo cínico”. Afirman, embrollan, igualan, divagan, peroratan, juzgan, sojuzgan, intervienen, insultan, examinan, impugnan, olvidan, minimizan, ningunean, desprecian…,  pero sobre todo se contradicen.

Se empeñan en decir que son apolíticos pero siempre se posicionan del lado del Poder, por el que irresistiblemente se sienten atraídos, y mudan su posicionamiento electoral dependiendo siempre, ¿casualidad?, de los intereses del momento de los banksters, (los banqueros bandidos). Pueden propugnar el absentismo con la misma consistencia que el voto en blanco,  y esto último cambiarlo por el voto nulo si así lo requiere el manual de sus fuentes de inspiración. Aquí en España se nutren a diario en fuentes tan variopintas como: InterFachamía, La SinRazón, EL InMundo, el AnalfaBeCedario, AntenaTriple, la Facheta de los chanchullos, etc. etc. etc. y esta amplitud de etcéteras no es casual.

Buscando una definición morfológica podemos decir que el “Boletus Electoralis”  es una seta de dos piernas y que tiene el corazón a la derecha. Su color suele ser tirando a azul y crece cara al sol. Surgen en periodos climáticos indistintos, pero siempre en épocas preelectorales, pasado este periodo desaparecen. Son muy alucinógenos y muy, muy, nocivos, tanto que si llegasen a introducirse en la dieta habitual de los humanos terminaríamos adorando al Mercado.

Zana

 

2 comentarios para “INTELECTUALES, TODÓLOGOS Y BOLETUS ELECTORALIS”

  • roblana:

    El mejor artículo que he leído en toda la campaña electoral y gracias por avisar que hay muchas personas que bajo el alucinógeno y devastador efecto del boletus electoralis van a las urnas un tanto confundidas. Salud y República

  • Alberto:

    Magnífco artículo, Zana…Descriptivo, antropológico, didáctico, humorístico aunque agridulce, y tristemente cierto.

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