En defensa de lo publico

Antonio José Gil Padilla | Analista

 

Lo público es todo aquello que engrandece a las naciones, por lo que debiera ser cuidado, potenciado y ensalzado por los gobiernos. Lo público se financia con los impuestos de toda la ciudadanía, por lo que ha de estar al servicio de todos. Los servicios públicos deben ser los mejores, y en una sociedad avanzada, los únicos. La generalización de lo público es la mejor aproximación a la igualdad. Lo público es una reivindicación de los sectores más progresistas, mientras que la negación de lo público, y el afán privatizador, caracteriza a los sectores más reaccionarios de la sociedad. En un discurso confuso y sin justificación, algunos reniegan de lo colectivo, de lo público, y apuestan por la reducción de lo que conocemos como Estado hasta llevarlo a la mínima expresión. No cabe la menor duda de que esta división de lo público y lo privado está en sintonía con otras tantas dicotomías -tales como ricos y pobres, trabajo y capital, razón y estupidez, etc.- que dibujan nítidamente la imagen del modelo de sociedad en la que, por desgracia, nos encontramos ahora.

 

En aras de la razón, las sociedades y los gobiernos deberían vanagloriarse de tener unos servicios públicos de calidad. Todos los esfuerzos, de unos y de otros, de gobernantes y gobernados, deberían centrarse en la consecución de una enseñanza pública de calidad, de una sanidad pública de calidad, de unos medios de transportes de calidad; a todo ello habría que añadir la práctica de una cultura popular y el establecimiento de unos medios de comunicación de calidad y al servicio del pueblo. Pero hay quienes instalados en la estupidez, en la codicia y en el egoísmo se empeñan en avanzar hacia posiciones que inciden en la desigualdad creciente entre unos y otros.

En estos últimos tiempos, estamos asistiendo a dos fenómenos que nos alejan cada vez más de lo público y de su calidad. Por una parte, los gobiernos autónomos gobernados por el PP, es decir, casi todos los gobiernos locales, están empeñados en reducir los servicios públicos y en empobrecer lo poco que quede de ellos. Madrid es una muestra representativa de esa degeneración de lo público, por lo que nos centraremos en los acontecimientos y actuaciones que, desde hace ya algún tiempo, están teniendo lugar en esa comunidad, siendo de rabiosa actualidad lo que estamos observando en el campo concreto de la enseñanza. Pero, esto está ocurriendo también en Galicia, Murcia, Castilla la Mancha y en alguna otra zona como Cataluña, en este caso gobernada por CiU, representantes de la rancia burguesía catalana.

Al amparo de la crisis y de los recortes, el gobierno regional de Madrid quiere marginar la enseñanza pública de la que los madrileños, junto al resto de las CCAA, pudimos alguna vez presumir por el auge que alcanzó allá por los noventa, al calor de la LOGSE; norma que ha marcado un hito en el terreno educativo, aunque los sectores más reaccionarios la denosten con tanta virulencia. El caos y la agresión a la que estamos asistiendo en este comienzo de curso es un claro exponente de las perversas intenciones de Aguirre, y de su fiel acólita, una tal Figal. Más de 3000 plazas amortizadas, incremento del horario lectivo del profesorado, obligación de impartir materias que nada tienen que ver con la especialidad o el perfil del docente, son algunas de las lindezas que nos están ofreciendo estos políticos desarraigados. Pero, en la otra cara de lo educativo, es decir, en la enseñanza privada, todo son parabienes y ventajas para sus gestores y usuarios. La deducción fiscal de los importes pagados por los padres a los centros privados, la insistencia por aplicar el “cheque escolar” y el regalo de terrenos e instalaciones a congregaciones religiosas son algunos de los mimos que esta dogmática administración dedica a este sector, en aras de una supuesta concepción neoliberal, convertida aquí en estúpida política neoconservadora.

En sintonía con la enseñanza, la sanidad sufre el mismo proceso privatizador. Como es conocido, en Madrid los nuevos hospitales sostenidos con fondos públicos están gestionados por organizaciones o empresas privadas que no tienen nada que ver con el sector sanitario. La deriva de lo público hacia lo privado, en un servicio tan básico como éste, está dando lugar a que las listas de espera sean enormes y los tiempos de atención para cualquier intervención, prueba o revisión sean tan dilatados que en muchas ocasiones el paciente desiste de ser atendido. El engaño y la manipulación de los políticos, en éste como en tantos otros casos, es la manera de encubrir un mal servicio. La presidenta Aguirre intenta inútilmente convencer en sus abundantes declaraciones que los tiempos de espera son los adecuados porque, para ella, en el caso de una intervención quirúrgica, por ejemplo, la cuenta comienza una vez que el enfermo ha sido citado por el cirujano de turno, ocultando maliciosamente que el paciente lleva esperando seis meses desde que le diagnosticaron la enfermedad y la necesidad de intervención.

En el terreno de los medios, ¿qué más podemos añadir a lo que, durante tanto tiempo, venimos observando en la TV autonómica los sufridos vecinos de esta comunidad? Telemadrid es el más puro exponente de lo que supone una plataforma mediática del poder político. La manipulación, el engaño y la descalificación del contrario han degenerado en lo más cutre y abyecto, ahuyentando definitivamente a toda la audiencia que exige un mínimo de rigor informativo. Esta cadena televisiva, pagada con los impuestos de todos los madrileños, se encuadra, sin lugar a dudas, en lo que se conoce como caverna mediática, es decir, en todo ese grupo de medios privados de extrema derecha. Hay que recordar las huelgas llevadas a cabo por los trabajadores de Telemadrid que, sin duda, marcaron un hito en la lucha reivindicativa del sector. Es tan escandalosa la manipulación y el control sobre los trabajadores que quienes tienen un poco de dignidad y pudor han ido abandonado la cadena, conforme han podido ubicarse en otros medios. Por otra parte, tengo noticias de que los redactores y presentadores de la cadena, impulsados por la vergüenza y el oprobio, publicaban un boletín de carácter interno con noticias veraces, alejado de esa otra información sesgada que estaban obligados a dar.

Por último, continuando con la actividad de los mass media, quiero referirme ahora a los medios de comunicación de ámbito estatal financiados con fondos públicos para exponer brevemente las carencias que les alejan de ser unos verdaderos instrumentos de información veraz, instructivos y ausentes de fines perversos como son la manipulación y el embelesamiento de la población. La expresión “medio público” suena con demasiada insistencia, y con una cierta carga de prepotencia y autoritarismo, cada vez que algunos locutores o locutoras aparecen en pantalla, o cuando conectamos nuestros aparatos de radio. Sin embargo, estos medios dejan mucho que desear para que de verdad puedan sus agentes presumir de ser públicos o populares. Por una parte, el control, sin fisuras, lo ejercen estos directores de programa convertidos en “dioses” de la comunicación (mirad como se han puesto cuando les han amenazado con controlar las emisiones desde los órganos rectores de RTVE, que supuestamente representan a instituciones de corte democrático); no se admite la auténtica participación ciudadana por lo que estos medios mantienen una comunicación unidireccional (de arriba abajo) con la ciudadanía, con el pueblo. Por otra, y esto les descalifica definitivamente, en el marco de una programación poco interesante, monótona y cansina se encuentran programas tan alienantes como los de otras cadenas privadas tildadas, con razón, de TV basura. En TVE se emite el programa “rosa” más reaccionario de todo el panorama televisivo, se emiten programas que tergiversan la verdadera historia de este país, sometido durante bastante tiempo a una férrea dictadura. Y por último, prestan una excesiva dedicación al fútbol y a otros tantos deportes. Para este medio que se dice público los deportes son pieza clave, sin reparar en la función enajenante que estas retransmisiones ejercen sobre una sociedad como la nuestra.

publicado en nueva tribuna.

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