El FMI y los suicidios

FirmaEnrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León

 

Un hombre de 41 años intentó suicidarse hace pocos días lanzándose al vacío desde un balcón del Parlamento rumano, en protesta por los recortes sociales aprobados por el Gobierno. Si esto hubiera ocurrido en Cuba, la noticia se habría repetido en todos los medios de comunicación, explicando que la gente se suicidaba ante la opresión del régimen comunista. Pero como esto pasa bajo el régimen capitalista, el silencio mediático se impone. El frustrado suicida, un técnico de la televisión pública, que convalece con múltiples traumatismos, gritó antes de lanzarse al vacío: «le habéis quitado el pan a mis hijos». Con uno de ellos autista, acababa de enterarse que la ayuda social que recibía había sido suspendida por el gobierno en el marco de la más reciente medida aplicada de un paquete acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que incluyen la reducción de los salarios públicos en un 25% y la subida del IVA del 19 al 24%, para que el país pueda seguir endeudándose con un crédito internacional de 20 mil millones de dólares.

 


Asistimos a la práctica unanimidad de políticos conservadores y socialdemócratas de Europa y de buena parte de la opinión publicada por sus medios sobre la supuesta insostenibilidad del Estado de bienestar en pleno siglo XXI. Conservadores, liberales y socialdemócratas se pelean por competir en esta loca carrera para ver quién adelgaza y suprime más todos los sistemas de protección y solidaridad que afectan a la mayoría, para salvaguardar el sistema financiero y las leyes del mercado que benefician a la misma minoría de siempre. Como dice Jean Ziegler, en su último libro El odio a Occidente , son las bolsas las que deciden quién vive y quién muere. Actualmente pueden comer 12.000 millones de personas, el doble de la población mundial. Pero cada cinco segundos, un niño o niña menor de 10 años muere de hambre. ¡Esto es un asesinato!, se indigna. Pero para estos niños y niñas, para el cólera de Haití, para el hambre del mundo, para el paro galopante en occidente, para los parados o para la subida del salario mínimo interprofesional nunca hay dinero, nunca hay posibilidad de rescate. Sólo hay cientos de miles de millones para rescatar a los banqueros y financieras que pusieron el dinero de nuestros ahorros en paraísos fiscales y en miles de sociedades interpuestas y declararon a continuación la quiebra de sus grandes bancos y multinacionales.

¿Es insostenible el sistema de pensiones o son insostenibles los fondos de pensiones de los directivos de la gran banca o de la SGAE cuyo presidente Teddy Bautista se retirará con una pensión de 24.500 euros al mes? ¿Es honesto reducir las compensaciones a los trabajadores despedidos mientras se mantienen desproporcionadas indemnizaciones a los ejecutivos empresariales y a los cargos públicos que cesan? ¿Es imposible subir impuestos al capital, al patrimonio y la especulación bursátil mientras se sube el IVA y las retenciones a los trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena? ¿Por qué hemos de bajar prestaciones en sanidad y educación mientras aumentan las subvenciones del Estado a colegios y clínicas concertadas? ¿Por qué es más urgente blindar la propiedad intelectual que la vivienda de los que pasan apuros?

Cuando leo que Tony Blair tiene un patrimonio de 25 millones de euros o que Evaristo del Canto, presidente de la nueva Caja España cobra 215.000 euros netos anuales, mientras que se ha aprobado una irrisoria subida del 1,3% del Salario Mínimo Interprofesional para 2011 que será de 8.979,60 euros (641,40 euros mensuales). Cuando veo que 20.000 familias leonesas tienen que sobrevivir con 417 euros al mes, mientras un diputado cobra 3.996 euros al mes, pudiendo llegar, con dietas a 6.500 euros/mes. Cuando veo la presencia en grandes empresas y bancos de los Narcís Serra, Martín Villa, Felipe González, Eduardo Zaplana o Rodrigo Rato me pregunto qué democracia es ésta. Al servicio de quién está.

Es una dictadura de las corporaciones empresariales y financieras que están aprovechando esta crisis especulativa para acabar con el Estado del bienestar en el conjunto de Europa, agravando la pobreza que pasan cada vez más familias, mediante reformas apadrinadas por los propios gobiernos conservadores y socialdemócratas europeos: congelación de salarios y pensiones, abaratamiento del despido, retraso en la edad de jubilación, privatización de los servicios públicos. Nos hemos embarcado en el denominado -˜capitalismo popular-™ que hace que estemos más atentos a seguir las cotizaciones de Bolsa que a informarnos sobre la situación de la población en el mundo que nos rodea. Pasamos a formar parte de la estructura que acabamos contribuyendo a mantener con nuestra complicidad. Si nos sentimos parte del sistema, si tenemos algo que perder con su quiebra, aunque sea una miseria, nuestra fidelidad está asegurada. La estabilidad de este sistema capitalista se asienta así sobre la proporción de la población que ha conseguido lo suficiente para darnos la esperanza de que puedan llegar a tener más: A los que les va bien, quieren que les vaya mejor. Los que tienen suficiente, desean tener más-¦ Por eso proclamaba Gandhi: «no me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos».

No nos engañemos, el dinero no se destruye ni desaparece. Se concentra y cada vez más en manos de unos pocos. Por eso la salida de la pobreza pasa por la erradicación de la riqueza: hacer pagar la crisis a sus causantes, estableciendo un Impuesto a las Transacciones Financieras en Europa, haciendo subir los ingresos públicos con más impuestos directos a quienes más tienen y especulan, acabando con el fraude fiscal y los paraísos fiscales, la defensa de una banca pública, un sistema público de pensiones y un Estado Social que garantice la universalización de los derechos sociales exigible por Ley.

2 comentarios para “El FMI y los suicidios”

  • Zana:

    Muy buen artículo Kike.

  • Juan Manuel:

    Quién podría rebatir tu artículo? Eso es lo malo… Que todos estamos de acuerdo, pero continúa inexorable el proceso de concentración de la riqueza y de alienación de la gran masa obrera asalariada .
    La triste reflexión de Gandhi la han tenido otros muchos(recuerdo una semejante de Martin Luther King), que, como él, contribuyeron a moderar el colonialismo expoliador y el racismo; aunque con resultados efímeros. Ahora la expoliación y el abuso continúan igual a través de las infinitas maneras que todos conocemos, gozando de la legitimación de las grandes organizaciones, de los medios de comunicación y de sus gurús econòmico-filosóficos.

    Creo sinceramente que desde un punto de vista humano y social (por buscar palabras asépticas),poco variará de unos a otros el diagnóstico de lo que ocurre en la sociedad. Denunciarlo está bien, pero quien tiene sensibilidad ya lo sabe, de sobras. Por eso, soy más partidario de la acción pacífica y perseverante en cosas aparentemente pequeñas que forman parte de un todo. Yo me lo imagino concentrando con ayuda de una lupa la energía solar en un papel. Arderá. Un ejemplo, por ejemplo, la farsa de los paraisos fiscales: si nos centramos en eso, que es fácil de controlar técnicamente y que afectaría a todo el mundo por igual, tocaríamos muchos aspectos dañinos a la sociedad. La resistencia será terrible pues están implicados todos los poderosos del planeta pero… No hemos dicho que son cada vez menos? Con la fuerza de muchos y una herramienta que se les ha escapado de las manos como internet y movimientos como wikileaks, por citar alguno, ¡la gran masa de personas aparentemente indiferentes se puede activar para conseguir una sociedad más democrática y justa. Lo que ocurre ahora mismo en el Norte de África era impensable hace unos meses.
    Esta es mi reflexión: Ya sabemos lo que ocurre, la denuncia bien argumentada desde un sofá en un portátil, tal vez un Mac, es un ejercicio liberador, casi literario,y tan gratificante para quien lo realiza como inoperante para los demás. Ha llegado el momento de concentrar la energía en buscar cauces positivos de acción.
    Por favor, no pretendo ofenderte, siempre será mejor tener inquietudes sociales que carecer de ellas.

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