EL EJEMPLO SALMERÓN, LA DECISIÓN QUE NO TOMÓ ZAPATERO

La difícil ejecución del verbo dimitir

Sabido es que Nicolás Salmerón Alonso (Alhama la Seca, Almería, 1838 – Pau, Francia, 1908) es una de las figuras históricas que, cada día más, se ha convertido en una de misdebilidades. Fue presidente de Poder Ejecutivo, el equivalente a presidente del Gobierno actual, durante la Ia República española. Dimitió de su cargo, alegando problemas de conciencia, al negarse a firmar las sentencias de muerte de varios soldados desertores en el frente de batalla.

La personalidad de Salmerón, su sólida formación intelectual, su honestidad y la coherencia en su conducta (que a veces fue contraproducente para su carrera política) hacen de este pensador ilustrado una rara avis si extrapolamos su ejemplo a nuestro tiempos.

 

Otro grande (Groucho Marx) dejó escrita esta frase: Estos son mis principios, si no le gustan…tengo otros.

Puede que estuviese pensando, adelantándose a su tiempo, en la caterva de socialdemócratas (Felipe González, Toni Blair, Schröder, Lionel Jospin, Bettino Craxi,  Zapatero, etc.),  que en las tres últimas décadas han mudado de ideología, por el placer de no dimitir, cada vez que los intereses se enfrentan con los principios. El daño que todos estos rendidos al capitalismo han hecho a los trabajadores sólo la Historia, la Historia de los ángulos rectos, sabrá ponderar. Ellos y su estrambótica 3ª Vía han sido la lanza que ha abierto la herida por la que se desangra la Clase Trabajadora. Aún resuenan las alabanzas hacia Guiddens y los desprecios hacia Gramsci. Hoy, aquellas explosiones de júbilo, se han convertido en llantos de traición hacia su pasado, hacia sus mártires.

Y nosotros anclados en la disyuntiva de seguirles el juego o luchar en el desierto. ¿Qué podemos hacer si nos dicen que sí pero sabemos que es no?, ¿cómo podemos seguir

 

ignorando que seguir su ruta, en busca de los votos perdidos, nos acerca al precipicio?

No hay convergencia posible mientras ellos sigan defendiendo al capitalismo, nuestros destinos divergen, porque defendemos cuestiones asimétricas, principios contrapuestos, valores confrontados. Alguien lo llamó: las dos orillas.

Y si estamos en la otra orilla debemos tender puentes para que ese electorado, tan cómodo como mal informado, se acerque a nosotros. Puentes que sirvan de enlace entre los trabajadores y el socialismo del siglo XXI y nos aleje a nosotros al socialismo devaluado, rendido y distorsionado que ellos, actualmente, representan. Es preferible morir en la soledad de la decencia que en la opulencia de la perfidia.

Debemos defendernos, luchar por nuestro futuro, por el derecho a tener futuro. Debemos volver a tomar las calles, los cuartos de aseo, las universidades, los centros de trabajo. Si no estamos muertos es nuestra obligación defendernos. Debemos renovar y transformar las condiciones de vida, estas condiciones que nos abocan a entender la corrupción como el proceder más usual de la raza humana, una corrupción que con nuestro silencio ha desplazado del pedestal a la generosidad.

Si nos obligan nos haremos insurrectos, sabiendo que la insurrección es el último, y sin escribir, capítulo, pero recordando también que esa misma insurrección, cuando de defender la pervivencia y la dignidad se trata, es el más sagrado de todos los derechos.

No se nos ha olvidado como se hacen las barricadas.

 

Y no quiero que todas las miserias que han sido perpetradas bajo traicionados ideales nos hagan olvidar a quien encabezaba este escrito.

 

Nicolás Salmerón Alonso, 3er Presidente de la Ia República española. Un Político idealista y un intelectual insobornable que dimitió por no traicionar su conciencia, un hombre honrado y coherente, que prefirió salvaguardar sus creencias antes que cobijarse ante eufemismos soeces. Nicolás Salmerón Alonso cuya insólita renuncia, a pesar de ser el

gesto más valiente y más honesto de este estadista singular, ha quedado oscurecida, interesadamente, a los ojos de nuestra manipulada, adulterada y parcial Historia.

Una historia olvidada quizás buscando que el ejemplo no cunda.

Zana

 

 

Un comentario para “EL EJEMPLO SALMERÓN, LA DECISIÓN QUE NO TOMÓ ZAPATERO”

  • Zana, te pido permiso para reproducir parcialmente y citando la fuente parte de tu escrito.
    ¿Sabes algo de la frase que dedicó a los Borbones?
    Decia algo asi:
    Para la casa real se emplean 13 millones de pts. pero para colegios e institutos solo se emplean 10 millones…
    GRACIAS.
    Grouchomaniaco

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