EL DEBATE DE LOS TÉRMINOS Y LA CUESTIÓN DE FONDO


Es urgente reconstruir la izquierda para evitar la barbarie

Abundan los pensamientos que defienden la necesidad de una UNIDAD real e inmediata de quienes nos oponemos a los principios e ideas dictadas por el FMI (Fondo Monetario Internacional), exigidas por el BCE (Banco Central Europeo), ejecutadas con alevosía por el PSOE, aplaudidas con fervor por el PP, silenciadas y distorsionadas por los Medios de desinformación y triste y estúpidamente consentidas por los trabajadores votantes de uno y otro partido.

Sí, urge la unidad, pero mientras una parte del pueblo trabajador se afana en busca del agua que aplaque su sed, sigue habiendo quien, perteneciendo a este pueblo sediento, paraliza, bloquea, entorpece e impide cualquier atisbo de ESTRATEGIA COMÚN.

Es cierto y prioritario que debemos conformar un bloque, pero no lo es menos que ese bloque debe  de ser, actuar y permanecer compacto. Pero sobre manera, gramática a parte, ese bloque a de tener como objetivo final: el altermundismo, el internacionalismo y el  interculturalismo..

Y ahí, en la disputa gramatical, que no deja de ser una forma de controlar los tiempos, es donde, quien sabe si inevitable, continua e interesadamente, estamos estancados. Si reconocemos, no sin rubor, que el asincronismo de movimientos, del pensamiento de izquierdas, sigue siendo la mejor de las bazas de la cultura conservadora, debemos entonces preguntarnos cuál es y hasta dónde llega nuestra responsabilidad en esa desarmonización. Alentamos y nos extenuamos  en el debate diferenciador en base a la “quaestio de nomine” (el debate de los términos) y postergamos la ansiada y necesaria unión en torno a la “quaestio de profundis” (la cuestión de fondo). Las palabras pueden llegar a confundir pero los hechos no, es así de simple.

Y no sirve, como algunos intentan, descargar todo hacia el bajísimo nivel cultural y la bajísima formación política de la sociedad, (parámetros estos a los que nos ha llevado la inteligente estrategia conservadora). Es cierto que la suma de la banalidad, el individualismo, el premio por el mínimo esfuerzo, la carencia de dignidad, el incierto y preocupante futuro, la inmoralidad latente, y todo ese cuestionario que ha debilitado nuestra estructura social, hacen que en el lugar donde debía haber preocupación, malestar, iniciativa y empuje, sólo haya televidentes asilvestrados. Pero seamos sinceros, a nadie hay que culpar de ello más que a nosotros mismos. Han sabido promocionar nuestro egoísmo, y eso ha matado la unión.

De decepcionante se podría catalogar que no hayamos sido capaces de elaborar un proyecto ilusionante, donde la crítica, la denuncia y el desenmascaramiento de las injustas políticas conservadoras vaya acompañada de la alternativa, la participación y la justicia social.

Y en esto no son los partidos, como entidades, los culpables, lo somos todos como ciudadanos, y muy especialmente, los somos los trabajadores como estructura de Clase.

Que el PSOE se haya rendido ante los Mercados no es lo verdaderamente preocupante. Lo significativo es el poder de hipnosis, la capacidad de engaño, la obsesiva y patológica  defensa que de sus traiciones y mentiras hacen quienes se consideran (y en realidad así lo entienden) como personas de izquierda.

El PSOE no puede seguir intentando navegar entre dos aguas. No hay ya espacio para experimentos conciliadores. El “giddensismo” ha muerto. Las condiciones de vida, no sólo las laborales, a las que el salvaje capitalismo nos ha llevado, sólo pueden ser tildadas de agresión. Al capitalismo, como concepto, no se le convence, se le transforma y vence, se le anula y elimina. La socialdemocracia ha fracasado como intermediador, otra cuestión es que la exigencia y el sacrificio necesario para cambiar las cosas nos haga huir por la tangente de la comodidad individualista, cortoplacista y, evidentemente, suicida.

Sólo cabe, para empezar a hablar de Frente Común,  la ruptura. Una ruptura que puede darse en dos sentidos, o bien es la socialdemocracia (PSOE) quien rompe con la cultura conservadora, o ha de ser la población, la Clase trabajadora, quien se desprenda de la socialdemocracia (PSOE). Mientras esto no suceda seguiremos retrocediendo, seguiremos desconfiando, seguiremos perdiendo. Mientras no entendamos que así, con el enemigo metido en la cocina, no podemos continuar, seguiremos dando vueltas en la circunferencia que nos lleva de ninguna parte a ningún lugar. Exactamente lo que llevamos haciendo, aquí en España, 35 años, los mismos años que llevan ellos, los herederos del franquismo, asentando, consolidando y legalizando sus privilegios de Clase. Una Clase, la de rico, de la que ellos jamás reniegan.

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