DIMISIONES Y DIMISIONES

Por nuestros hechos y no por nuestras palabras seremos recordados

Han banalizado tanto el lenguaje, lo han empobrecido de tal manera, que incluso para mentirnos nos engañan. Hablan de dimitir, ligando el “motu propio” de la decisión al concepto de honorabilidad, y obvian, de manera interesada y ruin, que ha tenido mil y un motivos para dimitir si en verdad hubiese sido honorable.

La “Lideresa” se va. Los motivos, salvo que afecten a su vida pública (se oyen tambores de que está preparando una nueva formación política al estilo extrema derecha y populista del Tea party), salvo esto, los motivos de su abandono son lo de menos. Que se vaya es buena noticia para los trabajadores, para los enfermos, para los estudiantes. Es buena noticia para el 99%.

Tiempos, lágrimas y palabras medidas. Todo diseñado, calibrado, previsto. Incluso la cantidad y el momento del ahogado llanto. Se va, nos dice, y lo hace dejándonos entrever que la echaremos de menos. Seguro que es así, otra cosa es que la recordemos como quien recuerda un forúnculo, una almorrana, cuya mejor evocación es el del día de su extirpación o desaparición. Sí, echaremos en falta su mediocridad (mucha) y su maldad (variada). Ése coctel, tan común hoy en día en los políticos que nos gobiernan, que casi hemos asumido como inevitablemente biológico.

El silencio se privatiza

Claro que recordaremos a la Dama de Hierro madrileña, a la que el orín de su vanidad ha oxidado inapelablemente, la recordaremos cada vez que una familiar nuestra tenga, por ejemplo, que pagarse una mamografía, o mejor, la recordaremos cada vez que una familiar muera, porque un cáncer se la llevó antes de tiempo, al no poder costearse esa mamografía que la diese una segunda oportunidad (como sí tuvo ella). Ésa familiar que morirá porque ella, y el PP, así lo quisieron. Es duro esto que escribo ¿verdad?, parece hasta cruel leerlo ¿no? Algunos incluso pensarán que soy injusto, que el injusto soy yo, al poner negro sobre blanco qué significan los recortes en sanidad que aprueba, día sí día también, el PP. No me importa, lo llaman matar al mensajero.

También podemos recordarla cada vez que los bomberos tarden en llegar, (o no lleguen) por el insuficiente número de efectivos humanos o técnicos que ella, y el PP, han impuesto. La recordaremos cuando tengamos que lamentar una muerte, o la ruina, de alguien cercano, envuelto entre las llamas. Llamas que como las serpientes solo muerden los pies descalzos de los pobres.

O podemos recordarla cuando la peor generación educada, instruida, colapse las calles del futuro vagando sin empleo y sin esperanza, gracias a su inexistente formación académica o cultural. Una generación que, gracias a esa política diseñada para banalizar, para estupidizar las mentes, estará condenada a la esclavitud laboral para poder seguir los rituales del consumismo. Sí, sin duda, también la recordaremos por esas decisiones político-educativas basadas en recortes, privatizaciones y sacristía, que ha diseñado, aprobado y potenciado esta “Grande de España”, que por muy “Grande” que sea tan poco espacio va a ocupar en los anales de la historia.

Al paño de esta deficiencia educativa, repito interesadamente decidida, la recordaremos cuando los niveles de inseguridad ciudadana aumenten. Y lo harán, ya se sabe, de manera directamente proporcional a los recortes en Educación. Y en esta línea la recordaremos cuando los efectivos, los Cuerpos de Seguridad del Estado, sean evidentemente insuficientes para garantizarnos, en los barrios y pueblos de los trabajadores, una mínima calidad de convivencia.

La escuela pública en bragas por la ESPEculación

Y ya puestos a pronosticar por qué la recordaremos, también es factible que lo hagamos cuando recordemos que antes de ella hubo un tiempo en el que no todo valía para justificar un triunfo y que ella llegó a ser presidenta de la Comunidad de Madrid gracias a dos tránsfugas, llamados Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez (es bueno recordar sus nombres para que no se olviden). La recordaremos por ser intolerante, a veces cruel y siempre sectaria.

Y como apunte final, y algo mucho más local, a ver si esta decisión de abandonar la vida política, anunciada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, se extiende por estos lares y empiezan a “cumplir” sus promesas de dimisión aquellos alcaldes peperos que  juraron y perjuraron que si su partido, el PP, era quien enterraba el sector del Carbón, no estarían ni un día más en sus filas. Porque la decisión presupuestaria avanzada por el ministro Soria para el Sector del carbón eso es lo que significa: su muerte.

Pues eso que vamos a ver si a alguno le da un brote de dignidad y vergüenza y asume sus responsabilidades cuando pidió el voto para Mariano Rajoy asegurando que “el PP está con el carbón”. Aunque, esto de “vamos a ver” me recuerda que eso mismo le dijo un ciego a otro, y nunca llegaron a ver.

Zana

 

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