DIAGNÓSTICO: COBARDÍA

Los pueblos no se definen solo por lo que hacen, sino también por lo que soportan. (Tucholsky)

La mente humana no es un cubo vacío que hay que llenar, como creen algunos, es una hoguera que hay que encender. En esa mente es donde, al calor de las llamas, se
forjan, y se han ido forjando siempre, los sueños. Es ahí también, como causa y efecto, donde se establecen los sacrificios que, individual y colectivamente, estamos dispuestos a hacer para conseguir, o mantener, los sueños y las conquistas.

Hay un nexo, una unión, un condicionante entre el

anhelo y el sacrificio, se llama  Valor, y se apellida Dignidad.

Lamentablemente creo que cualquier análisis, de la sociedad actual, nos dirá lo lejos que estamos, en cuanto a valentía, de cualquiera de nuestras generaciones pasadas. Y, donde no hay coraje, se sabe, anida la cobardía. Es palabra dura ésta, difícil de escribir, difícil de asimilar y, más difícil aún, de aceptar por quienes, sin la más mínima vanidad personal, no son, ni han sido nunca, cobardes.

Pero ¿cómo se puede catalogar a una sociedad que no solo se deja arrebatar su presente, despreciando el sacrificio de sus Mayores, sino que también regala, entrega sin un ápice de resistencia, el futuro de sus hijos? ¿Cómo se puede llamar, más que cobarde, a quien avisado del peligro que se avecina, para la integridad de los suyos, opta por esconder la cabeza bajo el ala? ¿Cuál es el nombre para designar a aquél, que viendo como su familia es arrojada a los pies de las hienas no solo no intenta luchar por salvarlos sino que, en una increíble maniobra de masoquismo e idiotez, alienta, con sus votos, a que las hienas sean las que elijan el menú?

Perdón si ofendo, pero a mí me enseñaron en casa que eso se llama así: cobardía.

Sabiendo que el miedo oprime a gran parte de la sociedad, el PP quiere imponernos al resto una ley mordaza. Pinchar aquí para leer. Una nueva ley del silencio. Quiere ilegalizar nuestras protestas, nuestras reuniones, nuestras opiniones discrepantes. Como si fuese posible prohibirle al viento rondar los bosques, como si hubiese forma de evitar que el sol cruce cada día el cielo, como si se pudiese poner puertas al campo. Desmemoriados: no nos domasteis, no nos doblasteis, no nos domesticasteis…ni lo haréis. Os lo dijo Marcelino Camacho…no tenéis cárceles suficientes.

En estos momentos estamos, como sociedad, como si con una cerbatana nos hubiesen lanzado un dardo impregnado de curare. Tenemos paralizados los músculos,  no solo aquellos que nos ayudan a respirar, a tomar el oxígeno (esas trece veces por minuto que nos narró el poeta Celaya), también tenemos paralizado, domesticado, intervenido, el cerebro. Y, estudiado está, que controlado el cerebro, los brazos vienen detrás.

Es la ausencia de valor lo que está marcando el devenir de estos turbulentos tiempos. Es esa ausencia la que impide que demos el paso, necesario paso para liberarnos, que va desde el creer hasta el crear, desde el desear hasta el hacer.

Siendo cierto esto del miedo que nos paraliza hacen mal en olvidar la importancia de las excepciones.

No es la primera vez, pero puede que sea la última, que la sociedad se enfrenta a los ataques que los poseedores del dinero ejecutan.

La última gran ofensiva por parte del capital, aunque nunca han cesado, se dio a finales del siglo XVIII. Entonces, como hoy, la agresión del sistema capitalista, por medio de la coerción, de la amenaza, también se dirigió a desmantelar todo el sistema de protección económica, social, jurídica, (hoy también laboral) de las clases bajas. Marx, Carlos Marx, definió a esta ansia desmesurada y cruel de lucro como “las aguas heladas del cálculo egoísta”.

En aquellos tiempos la respuesta que la sociedad dio dista mucho de la que en estos momentos estamos dando, (sin embargo también aquella respuesta fue incompleta e injusta al olvidar a la mitad de la población por la simple cuestión del sexo. La Asamblea Revolucionaria aprueba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Pero no contemplaba esos mismos derechos para las mujeres
Olimpia de Gouges reclamaba: ¿Y los derechos de la Mujer, dónde quedan? Reclamar esos derechos siendo mujer la llevó a la muerte). Hoy, de manera metafórica, se puede afirmar que salvo dignísimas excepciones, pasamos por las “horcas caudinas”, soportamos la humillación, toleramos la afrenta. Y no solo lo hacemos, lo más cruel es que ni siquiera nos inmutamos, ni siquiera el rubor amanece en nuestros rostros…y, cuando esto sucede, es que la sociedad está enferma. Enferma de cobardía.

Sin embargo, aquellos que hoy están riendo nuestra humillación no lo celebren del todo, la cobardía, a veces, actúa de forma imprevisible y, otras veces, da paso a los actos más heroicos.

Zana

 

 

3 comentarios para “DIAGNÓSTICO: COBARDÍA”

  • Virginia:

    La cobardía, como bien dices puede dar lugar a acciones o comentarios tremebundos. “El lenguaje de las mariposas” la peli de JL Cuerda fue un reflejo sobre eso. El final es así por querer salvaguardarse o morir en vida.
    Un saludo compañero
    Virginia

  • Aurora:

    Buen artículo Zana, como todos los tuyos. Creo que las personas valientes estamos haciendo algo más que resignarnos, seremos los referentes de los que vienen detrás, espero, como otros lo han sido antes. Viva la República!!!

  • Zana:

    Por la importancia del contenido he modificado el artículo, en la referencia a Olimpia de Gouges que Eloina Terrón me ha hecho llegar, aquí añado completa la información de un dato tan importante como desconocido (para mí). Gracias Eloina.
    OLIMPIA DE GOUGES

    Olimpia de Gouges nació en Montauban en 1748. participo activamente en el movimiento revolucionario.
    La Asamblea Revolucionaria aprueba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Pero no contemplaba esos mismos derechos para las mujeres
    Olimpia de Gouges reclamaba: ¿Y los derechos de la Mujer, dónde quedan?, Olimpia y las revolucionarias francesas protestaron enérgicamente. Enviaron cartas a la Asamblea, que no fueron tenidas en cuenta. Solo los hombres podian entrar en los clubes jacobinos donde se decidían los destinos de la nueva republica. En 1789, el mismo año de la Toma de la Bastilla, las francesas se movilizaron y organizaron la Sociedad de Mujeres Republicanas y Revolucionarias, Dos años más tarde, Olimpia de Gouges escribió el más brillante alegato en favor de las reivindicaciones femeninas, La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana: “La mujer nace libre y tiene los mismos derechos que el hombre”. Todos los ciudadanos y las ciudadanas deben ser igualmente admitidos a las dignidades y empleos públicos sin otra condición que sus capacidades. Olimpia de Gouges reclamó un trato igualitario para la mujer en todos los ámbitos de la vida:
    El derecho al voto, A ejercer cargos públicos, A la propiedad, A la educación, A compartir el poder en la familia, incluso en la iglesia.
    Olimpia fue condenada a la guillotina. El día en que fue ajusticiada el procurador Chaumette se refería a ella en estos términos: Recordad a esta marimacho, a esta mujer-hombre, la impúdica Olimpia de Gouges que abandono todo el cuidado de su casa, quiso politiquear y cometió crímenes. Este olvido de su sexo la ha llevado al cadalso.

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