¡Qué felicidad! cuanto más les robamos, más nos votan
El sainete valenciano
Por Rosa María Artal
“Ese chorizo que pague lo que hizo”, “corruptos, corruptos”, gritan los bomberos y otros sectores afectados por selectivos ajustes del gobierno autonómico. Acude otro presidente local enfangado en un proceso que hunde sus raíces en las basuras. Y los manifestantes le sacuden también recordando sus trapicheos. Éste era un adalid frente al despotismo y nepotismo del máximo gestor, hasta que el pringue los ha hermanado.
En el local –de entrañables recuerdos Gürtel-, el presidente recupera su gallardía. Y vaya que sí. No le moverán. Ni jueces ni zapateros le moverán. De Madrid ha llegado el aliento en atildada forma valenciana conservadora: Tú eres nuestro candidato, y el próximo presidente. El de los zapatos es un “jaimito”. No te dejes guiar por el griterío y el ruido. España necesita honestidad. Hay que dar la cara.
“Dar la cara” pide también el presidente de los presidentes conservadores, o casi. Camuflado esta vez en una boda lejana. Dando la cara, como su propio nombre indica. No admite preguntas de periodistas, una vez más. Dando la cara. Estaría con su amigo del alma siempre, a su lado, delante, detrás… o, si se tercia, en sostén moral, siempre moral, a cientos de kilómetros.
La televisión del reino publicita los logros del gobierno que la gestiona, en pura información libre. Y, mientras se aprueban megaproyectos urbanísticos de lucro privado, un consejero anuncia que el recorte presupuestario marcado desde Madrid, afectará exactamente “a la construcción de viviendas sociales”.
Miles de vasallos se disponen a revalidar con su voto las mayorías absolutas que perpetúen la obra en cartel. El presidente ha aparcado la furgoneta. Cuelgan impecables caros trajes en el armario. Impenitente sonrisa. El espectáculo debe continuar.
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¿Estos son los que quieren gobernar a toda costa?,puff,estamos acabados.
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