“Si huele a pollo, parece pollo y sabe a pollo….es pollo”

Según sugiere este viejo refrán mejicano, hay cosas que parecen evidentes y que de manera empírica no deberíamos cuestionar desde el punto de vista epistemológico, y sin embargo, no parece que esto ocurra con nuestra sanidad pública y, sobretodo, con la deriva que actualmente padece, dirigida y gestionada por nuestros nefastos responsables políticos, economistas y sanitarios.

Así podríamos decir que una buena suela de zapato, moldeada como una pechuga de pollo, maquillada como un buen filete, aliñada con excipientes y saborizantes de pollo, y perfumada con aromas sintéticos de ave (Knörr ó Gallina Blanca son expertos en estas performances), pues esa suela podría colocarse en un plato, con una hojita de lechuga y una ramita de perejil, consiguiendo que nadie dude de que no sea pollo,…claro, hasta que no intentas hincarlo el diente.

 

Nuestra sanidad pública llevaba años siendo ejemplo de modelo sanitario, especialmente por la capacidad técnicocientífica de sus recursos humanos y materiales, y también por su eficacia social. Una eficacia social conseguida mediante esa cuádruple transferencia solidaria en virtud de la cual los ricos pagan el coste de la sanidad más que los pobres, los sanos en lugar de los enfermos, los jóvenes por los ancianos, y los empleados por los desempleados…Pero resulta que salvo este planteamiento progresista de inicio, nuestra sanidad no es ya ni tan universal, ni tan gratuita, ni tan eficiente, ni mantiene ya una cierta igualdad y equidad en el acceso.

Y no es tan “Universal” porque, por ejemplo, para tener derecho a nuestro sistema sanitario los jóvenes sin empleo deben adjuntar determinados papeles, al igual que los inmigrantes y gentes residentes de otras zonas del país, a los que se les somete a crueles y disuasorias trabas administrativas; no es tan “Gratuita”, pues al menos no lo es para la clase trabajadora en activo, que, en ocasiones, con menos medios económicos que otros, deben abonar un 40% del gasto farmacéutico mientras que a esos otros todo les sale gratuito; no es tan “Eficaz” si se tiene en cuenta las largas e indecentes listas de espera que todos sufren para someterse a unas simples pruebas o para recibir tratamiento rehabilitador o para una intervención quirúrgica, con la pérdida de posibilidades de curación que esas demoras implican; no es tan “Eficiente” si se tiene en cuenta la relación entre el presupuesto invertido y los beneficios en salud, pues aún con el escaso presupuesto sanitario que España le dedica a la sanidad (en términos de %PIB sigue por debajo de la UE de los 15), aún con ese escaso presupuesto se podrían conseguir más y mejores prestaciones; y finalmente tampoco mantiene “Igualdad y equidad en el acceso” si se tiene en cuenta la dificultad de acceso a los servicios sanitarios de las personas con empleo (por razones de horario laboral) respecto a otros colectivos, o la de ciudadanos de algún medio rural respecto al urbano, o la de ciertas clases medias-altas respecto a las clases huérfanas de padrinazgos nepóticos (como el privilegio que disfrutan quienes tienen familiares ó conocidos entre la clase política, empresarial ó del propio personal sanitario, etc)…

Así las cosas, nuestra actual sanidad pública no parece tan “sanitaria” (saludable), y habida cuenta de la proliferación de la concertación con el sector privado, tampoco tan “pública”, por lo que va a resultar que aunque “parezca pollo, huela a pollo y sepa a pollo”, éste apetitoso menú es una simple suela de zapato…y cada día con más aspecto de zapato y menos de pollo….¡¡Pobres pacientes!!

Y si nadie hace nada, este ejemplar modelo de la antes prestigiosa sanidad pública española se seguirá deteriorando, y aunque muchos de los profesionales sanitarios seguiremos trabajando (no todos) en alguna mutua o compañía privada,… uno se pregunta…¿y de los ciudadanos y ciudadanas enfermos, y sin recursos económicos, quién se ocupará?

publicado en bereberturix.

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3 comentarios para ““Si huele a pollo, parece pollo y sabe a pollo….es pollo””

  • Aullido:

    Cierto me parece que muchas veces discutimos sobre lo que va mal después de una privatización, y dejamos de lado lo que ya va mal, que deberíamos mejorar o cambiar y en vez de ello se insiste en los mismos errores cargando aún mas un carretillo que empieza a dar tumbos… Y todo el que haya tirado alguna vez uno sabe lo que cuesta recogerlo y que el próximo viaje lo cargará menos. Lástima que no hablemos de albañilería.

  • Alberto:

    Pues claro que el razonamiento expuesto en ese análisis se puede trasladar desde el contexto culinario al de la albañilería…En definitiva, estamos queriendo expresar más lo mismo.
    Por cierto, además de agradecer la publicación de este artículo en vuestra página, debo daros mi más sincera enhorabuena por las ilustraciones que acompañan a los textos. Son fantásticas siempre, pero además oportunas y expresivas.

  • Zana:

    En realidad los que estamos enfermos somos los votantes, lo malo es que el tratamiento para esta enfermedad, una combinación de Cultura, Responsabilidad y Memoria, las farmacéuticas (lease televisiones) no están por la labor de inocular.
    Menos mal que nos queda gente como Alberto
    Gracias

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