¿Nuclear, sí, gracias?

POR ROSA MARÍA ARTAL-

Sin luz, sin teléfonos, sin comunicaciones, edificios derruidos, vehículos arrastrados por las aguas. El desastre en múltiples frentes se ha cebado en Japón. Un terremoto, 8,9, de los más intensos de la Historia. Un maremoto. Y una explosión en una planta nuclear que, por el momento, dicen, no afecta al reactor más próximo. El primer ministro japonés confirma que se han liberado “mínimas cantidades de radiación” en la zona cercana a las plantas, porque sí ha habido fugas. El nivel de radiactividad en la zona es mil veces superior a lo normal, un experto lo ha traducido: es lo que un ser humano puede soportar en todo un año. 200.000 personas han sido evacuadas en un perímetro de 20 kms. En Japón hay 53 plantas nucleares. En 377.835 Km2 (España tiene poco más de 500.000). O sea que los amantes de lo nuclear hicieron su agosto con ellos, previamente.

 

La energía nuclear ya había ganado un ficticio debate a favor de los poderes neoliberales. En España, Rajoy lo ha anunciado como objetivo cuando llegue a la Moncloa. Durán i Lleida declaró algo así como que menos mal que se apostaba por la modernidad y se dejaban de lado esas pijoterías de las energías renovables (a las que han quitado –el gobierno socialista- subvenciones, y sin avisar, dejando en la estacada a quienes se habían embarcado en ese negocio con las directrices anteriores). El ejecutivo prolonga la vida de las centrales.

 

 

La energía nuclear –escribí en un viejo post- no emite CO2, pero no es limpia: sus residuos son una bomba de relojería que permanece en nuestro suelo miles de años. Y ni un sólo técnico serio puede certificar que alguna técnica conocida ahuyente la posibilidad de accidentes irreparables. Es cara (y productiva… para particulares). Invierte al menos 10 años en pasar de proyecto a realidad. Y se basa en el uranio, un elemento que también -como el petróleo- dará problemas de escasez (y especulación) a la larga.

 

En poco más de un mes se cumple un cuarto de siglo del accidente nuclear de Chernobyl y todavía esa zona de Ucrania es tierra quemada y vidas rotas. Visitar la zona requiere pasar por el Consejo de Energía Nuclear español al regreso y ver si la radiación acumulada en el cuerpo supera los límites permisibles, porque se sigue adquiriendo. Varios países ponen aún veto a exportaciones ucranianas.

 

Los especuladores neoliberales, los políticos a su servicio, tienen bien amarrada a la sociedad, pero la Naturaleza se les escapa. Pocas cosas tan destructivas como el que –por causas naturales, siquiera, un terremoto por ejemplo- se libere la bestia que las centrales nucleares y los almacenes de residuos guardan en su interior.

 

Codo con codo con los pobres y sufridos japoneses y todas sus desgracias, pero también es tiempo de prever. De aprender las enseñanzas y evitar desastres en los que no piensa ni le importa -presta solo a obtener beneficios inmediatos- la codicia neoliberal. Y, atentos, que en nada los bien pagados portavoces intentarán convencernos de que las nucleares son muy seguras y encontrarán alguna explicación a lo que vive Japón que, esperemos (confiando en la suerte no en la lógica), no vaya a mayores.

 

Actualizacion 13 de Marzo:

 

El Gobierno japonés teme que se produzca una nueva explosión en la planta nuclear de Fukushima. El reactor 3 de la central japonesa sufre fallos similares a los registrados ayer en el reactor 1 y las autoridades no descartan que se haya iniciado un proceso de fusión en ambos reactores.

 

Japón alerta de problemas en la refrigeración del reactor en una segunda central: Tokai, a 120 kilómetros de Tokio.

 

Serían ya 600.000 los evacuados por alerta nuclear.

 

Actualización 14 de Marzo;

 

Un nueva explosión sacude la central nuclear de Fukushima. Las autoridades también descartan fugas masivas de radiactividad.

 

Publicado en el periscopio de Rosa María Artal.

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